El ascenso de Torrijos fue también una revolución pública que dio poder a la nueva cara del nacionalismo panameño.
Esto también desafió el papel de Estados Unidos y se ganó sus sospechas.
Omar y los militares ya se habían ganado el odio de las clases políticas tradicionales y eso no cambiaría.
El gobierno estadounidense reconoció que sería muy importante vigilar a Torrijos mientras desarrollaba su agenda social y su plan para revisar los tratados del canal.